sábado, 30 de octubre de 2021

LA 135, EN BARBASTRO Y, DISFRUTANDO COMO NUNCA

Cómo la segunda peor marca en media maratón de mi vida, se pudo convertir en la que más disfruté y me divertí.

Desde hacía un año justo, bueno, para ser más exacto, 364 días, no me había colocado un dorsal en el pecho ni había corrido más de dieciséis kilómetros seguidos en alguna de mis salidas.

Así que, con estos "mimbres" y 1629 kilómetros acumulados en mis piernas, desde la última media maratón que había disputado en 2020, me inscribí para correr la 29ª edición del Medio Maratón Ruta Vino del Somontano, mi media preferida, como he dicho tantas veces, la "niña de mis ojos".

De entre todas las cosas buenas que me ha aportado y me sigue aportando "esto del correr", la que sin lugar a dudas más valoro es, esa gran cantidad de buenos amigos que he ido haciendo a lo largo de estos veinte años que llevo participando en diferentes carreras por toda España.

Y uno de ellos es mi buen amigo, el aspense, Pedro Mira que, desde el año 2010, viene hasta Barbastro para montar el arco de meta, suministrar camisetas y, por supuesto, participar en la carrera. 

El sábado por la tarde, quedé con él, Víctor y David, compañeros y amigos que vinieron a acompañarle a nuestra ciudad, en la tienda de Julián Mairal, para recoger el dorsal , la bolsa del corredor y, cómo no, tomarnos un par de vinos y algún platito de buenos embutidos.

He de confesar que, la noche previa a la carrera no dormí del todo bien, estaba inquieto, nervioso y, lo que es peor y hacía mucho tiempo que no me pasaba, inseguro.

Creo recordar que, desde aquel uno de abril de 2001, cuando corrí mi primera media maratón en Sabiñánigo, nunca había estado tanto tiempo sin correr, la que siempre he considerado como mi distancia favorita.

Antes de que sonara el despertador, sobre la siete de la mañana, ya estaba con los ojos abiertos y con ese nudo en el estómago de los días importantes.

Tras el desayuno y, comprobar varias veces que llevaba todo lo necesario en la mochila (manías de uno), me dirigí hacia la zona de salida con tiempo suficiente para poder aparcar, socializar un poco con compañeros y amigos y prepararme con calma.

Ha salido una mañana de domingo soleada y parece que, la temperatura a la hora de la salida y durante la carrera no va a ser excesivamente calurosa.

Me produce una enorme alegría volver a ver, tras tanto tiempo, a muchos compañeros del club y a los fieles amigos de fuera de Barbastro que, año tras año acuden a esta histórica cita del calendario atlético.

Después de veinte años corriendo y, 134 veces realizando esta distancia, mi único y principal objetivo en este día, volvía a ser el mismo que en la primera, poder acabarla.

Por ello y, tras hablar con mi primo José Antonio que la quería hacer con unos amigos en un tiempo de dos horas, decidí, si me aceptaban claro, unirme a ellos.

La salida está programada a las nueve y media de la mañana y tal y como marca el protocolo Covid (afortunadamente, un poco más permisivo que en la edición anterior), nos vamos colocando en la zona de salida, manteniendo las distancias y, haciendo uso de la mascarilla que, podremos quitarnos, una vez se haya dado la salida.

Puntual, como no podía ser de otra manera, se da el pistoletazo de inicio a la prueba e iniciamos la tradicional bajada por la Avenida San José María Escrivá de Balaguer en dirección hacia Corona de Aragón.

Es inevitable, como pasa siempre, que esos primeros instantes de carrera todo el mundo salga de una manera más "alegre" que lo que debiera, aunque, en esta ocasión, no es mi caso.

Miro hacia detrás a ver si me alcanza el grupo de mi primo y Yago pero antes, se unen a mí, David, Pablo y mi fiel amigo Iván, con quien corrí y acabé mi primera media maratón pero que hoy, se ha inscrito a la prueba del cuarto de maratón.

David "me camela" para que vaya con ellos y yo, que soy de "buen conformar", me quedo en ese grupo.

El circuito se cambió la pasada edición, dejándose de realizar el recorrido de ida y vuelta que unía Barbastro, Castillazuelo, Pozán de Vero y regreso, que se hizo desde los años 2006 hasta el 2019, para convertirse en dos vueltas con una misma distancia de 10'5 kilómetros por vuelta.

Un trazado más llano y para mí, más atractivo y ameno, al tener dos pasos por Barbastro y menos zonas de "soledad" para el corredor.

El "cuarteto" que nos hemos reunido mantenemos un ritmo de "crucero" de casi cinco minutos el kilómetro y, lo que es más importante, llevando todo el rato una conversación fluida y divertida.

Al llegar al que nosotros conocemos como "cruce de las bodegas", giramos a la derecha para entrar en las instalaciones de Viñas del Vero, donde se encuentra un avituallamiento y en el que los ánimos, entre otros, de Jerzy y mi primo Joaquín, nos insuflan aire fresco y fuerza pero eso sí, con la promesa que, en la siguiente vuelta nos tendrán preparado un poco de vino blanco bien fresquito.

Tras salir de Viñas del Vero, atravesamos la zona ajardinada de la Bodega Lalanne e iniciamos el camino de regreso a Barbastro, pasando por otro animadísimo punto de avituallamiento, en la entrada de la tercera bodega, Pirineos.

He de decir que, tal y como van pasando los kilómetros, me estoy encontrando bastante bien y eso, me va motivando, siempre con la cautela de ser sabedor que, mis piernas, tal y como decía al principio, no habían pasado de los dieciséis kilómetros prácticamente en un año.

Salimos de la carretera comarcal y, nos dirigimos, por el puente de Santa Fé hacia el interior de Barbastro, donde esperamos recibir un poquito de ese, siempre agradecido, calor del público.

El Bar "El Moliné" es, para los espectadores, la "tribuna" perfecta para ver el paso de los corredores, cómodamente sentados mientras se toman una cervecita y alguna tapa, para sana envidia de los que, por allí, pasamos sudorosos y con fatiga.

Atravesamos la calle Las Fuentes, cruzamos el puente de San Francisco, la plaza de la Diputación y calle Corona de Aragón, antes de girar a la izquierda e iniciar la subida hacia la línea de meta en, el primer paso, tanto para David, Pablo y yo, y, el final de carrera para Iván.

A falta de cien metros, Iván se sitúa en el carril más a la derecha para alcanzar la meta del cuarto de maratón, mientras que nosotros realizamos el segundo bucle de 180º de la carrera para iniciar la segunda parte de la prueba.

Nada más pasar el punto intermedio tenemos un nuevo avituallamiento líquido, cojo botellín de agua, un par de sorbos y, como ya me he ido acostumbrado últimamente, lo guardo en mi mano hasta el siguiente punto...debe de ser la edad.

Salimos de Barbastro, recibiendo los "vítores" y ánimos de nuestros "incondicionales" y regresamos a la carretera para dirigirnos de nuevo hacia las bodegas donde, para mí, se encontrará mi momento clave para saber en qué condiciones podré acabar, o no, la carrera.

Sigo sintiéndome, físicamente, mucho mejor de lo que pensaba y esto, me hace ser muy optimista.

Además, llevamos con mis compañeros, toda la prueba hablando, contando "batallas", anécdotas de nuestra vida y de nuestro día a día y riéndonos, en algún momento, casi a "mandíbula batiente".

Hemos pasado la Bodega Blecua y ahora sí, siento que las piernas ya no llevan la "fluidez" que querría, de hecho, en algún momento me tengo que quedar un poco de David y de Pablo e incluso invitarles a que se vayan para adelante, cosa que no hacen, lo cual agradezco enormemente.

Los dos, una semana después van a disputar la Ultra Trail de Guara, más de cien kilómetros "sube y baja" por la sierra que recuerdo muy bien, por tanto, se están tomando esta carrera como una tirada larga.

Como curiosidad e inciso diré que, en este 2021, se cumplen diez años desde que hice aquella Ultra y, en la que, nada más cruzar la línea de meta, tras veintidós horas por el monte, le dije a Javi Subías, entonces organizador: "No la correré nunca más...", y, de momento lo he cumplido.

Entramos en las instalaciones de la Bodega Viñas del Vero, trazamos el tercer y último giro de 180º, justo en el kilómetro quince de la prueba y, avanzamos al siguiente punto de avituallamiento, donde tal y como nos habían prometido Jerzy y, mi primo Joaquín, nos esperan con un fresquito vino blanco para brindar.

Ninguno de los "tres mosqueteros" que estamos compartiendo carrera, dudamos ni un momento en pararnos, coger los vasos, brindar, bebernos tranquilamente el fresquísimo y exquisito vino blanco e incluso David, se coge un trocito de embutido para acompañar.

Mientras realizamos esta novedosa parada en "boxes" que hemos improvisado, nos adelantan varios corredores/as, entre ellos, nuestro compañero Dani, pero, en esta ocasión, a ninguno de los tres nos importa eso, ni la marca ni la posición final en la clasificación.



Es más, comento que, de todas las medias maratones que he disputado es la segunda vez que he parado.

Curiosamente, las dos en Barbastro, una en 2018, cuando salí con el objetivo de bajar de los novena minutos y "reventé" físicamente y, la segunda, aunque muchísimo más divertida y relajada, en esta edición.

Tras realizar las pertinentes despedidas y agradecimientos a esos dos magníficos anfitriones que nos hidrataron más que bien, iniciamos los últimos seis kilómetros de la media maratón.

Hacía tan sólo unos instantes, antes de la parada, decía y sentía que se me estaba acabando la "gasolina", que, el "piloto rojo" de mi cerebro ya había empezado a parpadear y eso era señal más que evidente de que, a partir de ese momento me iba a tocar sufrir y "negociar" con mi cuerpo, metro a metro hasta el final.

Pero esa parada, ese respiro y, estoy convencido que, ese vasito de vino (obviamente siempre con "talento"), me han recuperado notablemente y, mis sensaciones son bastante mejores.

Cruzamos, por segunda vez, el arbolado pasillo exterior de la Bodega Lalanne y tomamos dirección hacia Barbastro con las fuerzas y los ánimos renovados, "neutralizando", poco a poco, a varios de aquellos corredores/as que nos habían adelantado en nuestro improvisado avituallamiento anterior.

Durante todo el recorrido hemos estado manteniendo el ritmo en torno a los cinco minutos por kilómetro según lo que habíamos acordado al iniciar la carrera y, sinceramente, para mí, ese es el que actualmente puedo mantener de manera un poco "digna"...
Espero y deseo que volverán tiempos mejores, estoy seguro.

Abandonamos la carretera comarcal y, en el avituallamiento del puente de Santa Fé, alcanzamos a Dani que se había parado a saludar a sus hijas que estaban de voluntarias en ese punto.

El terceto pasa a convertirse en un cuarteto de "viejas-grandes glorias" del Club Atletismo Barbastro y juntos, continuamos esos dos últimos kilómetros hasta la meta.

Mis piernas me están "recordando y protestando" porque hacía mucho tiempo que no les hacía correr tantos kilómetros, pero, he de decir que, están sacando energía de donde no la tenían para, por lo menos, dejarme acabar esta media maratón, tan querida para mí.

Cuando estamos pasando por la calle de los Cubos, se nos pone un nudo en el estómago al recordar cómo hacía un año y mientras corríamos esta misma carrera, David y yo, íbamos junto a Alex ("Polaco") y, en ese punto, él saludaba divertida y muy efusivamente a toda su familia que allí le esperaban para animarle.

Tan sólo un mes después y, mientras los dos, David y Alex, entrenaban en bicicleta, un malnacido borracho y drogado los atropellaba , produciendo la fatal y tristísima muerte de Alex.

Nunca le olvidaremos.

No le pongo nombre, porque no estoy seguro de quién fue, aunque afirmaría que sí, pero, uno de los que nos están viendo desde el Bar de "El Moliné", al vernos pasar hablando nos dice:

"¡No me puedo creer que llevéis toda la carrera hablando!".

Pues, la verdad es que fue así y, podría decir que, de todas las medias maratones que he corrido en estos últimos veinte años, esta, sin lugar a dudas, ha sido en la que más he disfrutado y me he divertido y eso, dice muchísimo de mis compañeros de carrera.

En la calle Corona de Aragón, antes del último giro y los últimos metros de la carrera empezamos a felicitarnos y darnos las gracias por el apoyo pero sobre todo, la compañía que hemos encontrado los unos con los otros

Encaramos ya la subida hacia la línea de meta, David se descuelga un poquito para entrar con sus hijos y, el resto cruzamos la línea de meta en un tiempo oficial de 1h 50' 00".

Como les comenté mientras estábamos tomando el vino en la bodega, yo, paré el crono en ese momento, por tanto, en meta, por primera vez en nuestras vidas, íbamos a tener tres tiempos:

El primero, el oficial de la carrera que, para el que no lo sepa es, en el momento en el que suena el disparo de salida, independientemente de dónde estés situado y en ese marcamos: 1h 50' 00"

El segundo, el tiempo real, que es el que te marca el chip, es decir, desde el momento en que uno pasa la alfombra de control de la salida y la vuelve a cruzar en meta.

Aquí el tiempo real fue de: 1h 47' 57".

Y por último y, como total novedad, está el tiempo con parada en avituallamiento para tomar un vino, que por primera vez realizamos y cuyo tiempo fue de: 1h 49' 42". 

Después de la carrera y, tras avituallarme, atender a los medios, cambiarme de ropa en el coche y asearme con unas toallitas higiénicas ya que, por temas Covid, no había duchas, me tocó realizar la parte institucional que me corresponde en la actualidad, entregando los premios.

Así pues y, haciendo un breve resumen diré que, finalizo mi 135º media maratón, vigesimoprimera consecutiva en mi ciudad y en mi carrera favorita, con tres tiempos para elegir y, con una sensación de satisfacción personal igual de buena que, cuando conseguía hacer marcas por debajo de los noventa minutos con facilidad y eso fue gracias a la compañía de David, Pablo, Iván y Dani.

Si la salud, mis obligaciones y mis piernas me lo permiten, nos volveremos a ver de corto, mi "hábitat habitual", muy pronto.

"No pierdas de vista las raíces, los cimientos, las bases. Todo lo que no se ve es lo que nos sostiene".







 



domingo, 27 de septiembre de 2020

BARBASTRO DIO UNA LECCIÓN. CAYÓ LA 134

Quién me (nos) iba a decir, hace tan sólo seis meses que, para disputar una media maratón deberíamos hacerlo siguiendo unos protocolos tan estrictos y restrictivos a causa de la pandemia derivada de la Covid-19.

El domingo 8 de marzo, estábamos celebrando la octava edición de la Carrera de la Mujer de Barbastro y, unos días después, ya no sólo nuestra ciudad sino todo el país, quedábamos confinados en nuestras casas durante casi cien días, en un Estado de Alarma jamás conocido por nuestra generación.

A partir de ese momento, todo se paralizó, quedó en suspenso o, directamente se suspendió.

El Club Atletismo Barbastro decidió, en el mes de julio, dar un paso adelante para sacar adelante la 28ª edición del Medio Maratón Ruta Vino del Somontano que, una vez más, y creo recordar que ya es la novena ocasión en sus veintiocho ediciones, había sido elegido como sede del Campeonato de Aragón de la distancia.

Mi situación no ha sido para nada fácil ya que, las suspicacias y la mala "baba" siempre está presente y más, en estos tiempos donde cualquiera puede "vomitar" por su boca o por las redes sociales todo aquello que le venga en gana, sin necesidad si quiera de cotejarlo.

Haber sido presidente del Club durante seis años y ahora ser, alcalde de mi ciudad, me ponía en el punto de mira de cualquiera que quisiera utilizarlo en mi contra, por presuponer una cierta "permisibilidad".


La realidad ha sido bien distinta ya que, la exigencia, con todos los protocolos y medidas que se debían adoptar, ha sido muy superior.

Una vez pasada ya la carrera he de decir que me siento orgulloso del excepcional trabajo que ha realizado el Club Atletismo Barbastro y que tan bien ha sido valorado tanto por corredores, jueces, periodistas y participantes en la prueba, demostrando que con seriedad y responsabilidad se pueden hacer las cosas con todas las garantías.

A pesar de que tuve un sábado muy intenso de actividad , quise levantarme pronto el domingo y, acercarme a la zona de salida para ofrecer mi ayuda donde se me pidiera.

Una vez allí, vi que, prácticamente todo estaba controlado así que pude dedicarme a saludar a tantos amigos y compañeros que hacía meses que no veía y con los que pude volver a compartir experiencias.

Esta edición, era especial.

Especial, en primer lugar por la extraordinaria, y jamás conocida, situación que nos está tocando vivir.

Especial porque si, todo iba bien, sería mi 20ª participación consecutiva en la que siempre ha sido "mi carrera" y, especial porque se estrenaba un nuevo circuito, el cuarto desde que, en 1993 se dio el pistoletazo de salida a la 1ª edición del Medio Maratón Ruta Vino del Somontano y, por tanto, tenía mucha ilusión en poder haber participado en los cuatro circuitos de la misma.

Haciendo un poco de historia, desde 1993 a 2002, la prueba llegaba hasta Salas Bajas, un recorrido, bastante duro, en su primera parte y cuyas mejores marcas fueron las del tanzano, Benedict Ako, en 1995 con un 1h 04' 14" en categoría masculina y, en la femenina, la ecuatoriana, Sandra Ruales, con un tiempo de 1h 17' 31", en 2002.

En 2003, se modificó el recorrido, siendo un trazado que primaba más lo urbano, por la ciudad de Barbastro y que tenía, su punto de inflexión en Castillazuelo.

Este circuito estuvo vigente durante tres ediciones (hasta 2005) y las mejores marcas fueron las del marroquí, Abdelhadi El Mouazhi, con un tiempo de 1h 03' 32", en categoría masculina, en el año 2003 y, en 2005 y en categoría femenina, la también atleta marroquí, Kambouchia Soud, con un tiempo de 1h 15' 10".

En 2006 y debido a los grandes problemas de tráfico que se ocasionaban en la ciudad de Barbastro, hubo que volver a cambiar de circuito, siendo, desde entonces y, hasta la pasada edición en 2019, el que unía las localidades de Barbastro-Castillazuelo-Pozán de Vero y, regreso.


En este circuito las mejores marcas fueron las de marroquí, Yassine Abbatourab, en 2007, con un tiempo de 1h 06' 44" y, en categoría femenina, el de la tarraconense, Mireia Sosa, el mismo año, con un tiempo de 1h 22' 28".

En esta ocasión se apostaba por un circuito a dos vueltas, con menos desnivel y, el paso por el interior de dos bodegas.

Yo, que siempre me había erigido como un defensor a ultranza del anterior circuito, vi con buenos ojos esta modificación y, creo que, a la postre, ha resultado muy positiva en tres aspectos fundamentales: para el organizador, para el participante y, para el público.

Vuelvo a esa mañana del 20 de septiembre.

El día ha salido espléndido, con sol y una muy ligera brisa.

Tras tomarnos un café junto a Manolo Barras y Paco Jordan, me voy al coche a vestirme de corto y ponerme, de nuevo un dorsal.


Desde el pasado 16 de febrero, en la media maratón de Balaguer, no había vuelto a sentir ese momento de situar, con los imperdibles, un dorsal en el pecho.

Me dirijo con la, de momento, inseparable mascarilla, hacia la zona de salida, donde me he de ubicar en el segundo cajón de salida siguiendo los protocolos establecidos por las federaciones de atletismo y sanidad.

A las nueve y media de la mañana se da la salida al grupo de corredores élite que están ubicados en el primer cajón y, treinta segundos después, al nuestro.

Yo sé que si estoy ahí, tan adelante, es por un "cariño" que se me ha hecho por parte de la organización, ya que, mis tiempos "gloriosos" ya casi los percibo en mi retina, en "blanco y negro".

Pasan los años y me sigue recorriendo un hormigueo en el estómago cuando inicio la bajada de la Avenida San José María Escrivá de Balaguer.

Giramos a la derecha hacia la Calle Corona de Aragón y, por primera vez, en lugar de girar hacia General Ricardos y, Paseo del Coso, nos dirigimos hacia la Plaza de la Diputación, Puente de San Francisco y Calle Las Fuentes.

Me he puesto a la par del compañero fragatino, José Manuel Segurado, fiel participante, como yo, en tantas carreras, esperando que nos alcance el siguiente grupo para irme con algún compañero del Club.

Es, por la Calle Las Fuentes cuando nos van superando corredores del tercer grupo y, ahí llega David Bestué, con el que ya habíamos hablado antes de la salida para ir a un ritmo de cinco minutos el kilómetro.

Me despido de José Manuel y, nos vamos con David hacia la Calle Los Cubos, donde se pasa el primer kilómetro de carrera, para dirigirnos hacia la Ronda Norte, en dirección al Barrio de San Juan y, de ahí hacia el Puente de Santa Fe, lugar fijo y mítico de las veintiocho ediciones.

Un pequeño repecho nos conduce a la carretera comarcal A-1232, poniendo rumbo hasta el "cruce de las bodegas".

Yo, me he equivocado al pulsar el botón de mi crono a la salida y, cuando me he querido dar cuenta, llevábamos ya unos setecientos metros, por tanto, mis referencias son, las que me "canta" David y los dispares kilómetros en los que suene el "beep" de mi reloj.

Nos van adelantando corredores de cajones posteriores, hasta que, nos alcanza, Alex Sierra, "el polaco" y, decide acompañar a este par de "viejas glorias".

Cuando llegamos al cruce de carreteras, Castillazuelo/Salas Bajas, giramos a la derecha para entrar y atravesar las instalaciones exteriores de la Bodega Viñas del Vero, con alfombra roja incluida y, posteriormente, cruzar todo el arbolado pasillo de la Bodega Lalanne e incorporarnos, de nuevo, a la carretera comarcal para regresar hacia Barbastro, en esta primera vuelta.

La verdad que, este cambio e innovación de atravesar las bodegas le da un toque mágico y un buen y merecido homenaje al "apellido", Ruta Vino del Somontano, que, desde la primera edición ha tenido nuestro medio maratón.

Este trío que hemos formado, David, Alex y yo, no dejamos de hablar en ningún momento sobre entrenos de correr, en bicicleta, alimentaciones, etc....

Temas que me apasionan, me gustan, me hacen feliz y hacen que pueda evadirme de los innumerables frentes, problemas y sinsabores que toca afrontar a diario.

Ponemos rumbo hacia Barbastro, con unos ritmos intermedios que no bajan de 4'50", por tanto, muy por debajo de lo que ,a priori, habíamos "pactado" en la salida.

Pasamos el Puente de Santa Fe, dirigiéndonos hacia la rotonda del Barrio de San Juan, tomar unos metros la Ronda Norte y, dirigirnos, por la Calle Los Cubos al centro de la ciudad.

Psicológicamente, el hecho de llegar al final de la Calle Corona de Aragón, girar a la izquierda y, emprender la subida hacia la zona de salida/meta, sabiendo que aún te queda una vuelta más es complicado, pero, de momento, físicamente me encuentro bien y, aunque sé que me faltan kilómetros en las piernas, sólo por el hecho de haber llegado a la mitad del recorrido, sin dejar de hablar y sin fatiga ya es un éxito.

Pasamos bajo el arco principal haciendo un giro de 180º ,cogemos agua en el avituallamiento y, emprendemos la segunda vuelta al circuito.

Entre los gritos de aliento y ánimo que llegan desde las aceras, y a los que, tratamos de responder a todos, hay uno, una voz, que reconozco y a la que me giro para saludar.

Es la de mi padre, que no ha fallado ni uno solo de los veinte años que llevo corriendo esta carrera y que sé, en la actualidad, de su preocupación por mi salud física y mental, dadas las especiales circunstancias en las que me encuentro.


Jamás podré agradecerle todas las lecciones que me ha dado siempre, sin aspavientos, y con esa humilde normalidad y discreción con la que ha llevado toda su vida.

El trío que hemos formado, Alex, David y yo iniciamos la segunda vuelta al circuito y yo sé que, a partir del kilómetro 13/14 comenzará a complicarse la cosa para mí.

Tras cruzar el Puente de Santa Fe por tercera vez, subimos el repecho que nos va a llevar, de nuevo, a la carretera comarcal A-1232, momento en el que, escuchamos primero y, vemos después las motos que conforman la cabeza de carrera del medio maratón que regresan ya hacia la línea de meta.

Camilo Santiago y Jesús Ángel Olmos lideran la prueba y, se disputarán la victoria en un apretado sprint que dio la victoria al primero con un tiempo de 1h 06' 01", con lo que se convertía, de esta manera, en el primer vencedor de este nuevo circuito del medio maratón, cuarto en sus 28 años de historia.

Es curioso ese contraste, esa sensación de ver, a la cabeza de carrera, de regreso ya "a casa", mientras que, a nosotros, todavía nos quedaban unos nueve kilómetros por delante.

Uno de los atractivos de este nuevo circuito es, el cruzarte prácticamente, durante toda la prueba, con el resto de participantes, bien, aquellos que van por delante o bien, aquellos que van más retrasados.


Estamos llegando, de nuevo, a la Bodega Viñas del Vero y, en el giro de 180º que debemos dar en el interior, siento que me cuesta arrancar y mantener el ritmo para seguir a  Alex y David.

A pesar de que Jerzy, me tienta con una copa de vino blanco bien frío al lado del avituallamiento, que me hubiera encantado tomar y compartir, cojo un botellín de agua del que bebo la mitad y, el resto, me lo derramo por la cabeza.

Atravesamos el arbolado pasillo central de la Bodega Lalanne para encarar, de nuevo la carretera comarcal dirección hacia Barbastro.

Allí , recibo, al igual que hacía siempre los años precedentes en la entrada y salida de Pozán de Vero, los ánimos del bueno de "Richi", algo que siempre le agradezco enormemente.

"Richi" no es corredor, no es socio del club, no es aficionado al atletismo, es un trabajador incansable que siempre está dispuesto a ayudar y que, sin el cual, sería muy difícil sacar adelante, año tras año, una carrera tan compleja como es esta.

Alex nos ofrece, a David y a mí , algún gel o gominola energética. David opta por el gel y yo, por la gominola.

Siento que mi "gasolina" se está acabando, algo que, ya entraba dentro de lo previsto puesto que durante todo el verano no había hecho ninguna tirada superior a los quince kilómetros.

Alex, "Polaco", va muy sobrado, David le puede ir siguiendo el ritmo pero, a mí, me cuesta un poquito más.

De hecho ya hemos comentado que, al salir cada uno de los tres, en diferentes "cajones" de salida, nuestros puestos en meta serán muy dispares a pesar de que, previsiblemente, llegáramos juntos.

Cuando pasamos la, muchas veces salvadora, sobre todo en verano, "fuente de Evaristo", iniciamos la bajada que nos llevará al Puente de Santa Fe y, a encarar los últimos dos kilómetros para la línea de meta.

Allí, en el avituallamiento del puente, vuelvo a coger otro botellín de agua, que casi me bebo entero.

Siento que llevo encendido el "chivato amarillo" de la reserva de combustible en mis piernas.

Cuando pasamos la rotonda del Campo de San Juan y tomamos la Ronda Norte, les conmino para que tiren para adelante porque voy muy justo para seguirles el ritmo y es tontería, que pierdan tiempo por mí, pero no quieren.

Me dicen que, si hemos ido juntos hasta ahí, vamos a llegar juntos a la meta, gesto que les honra sí, pero que, cuando uno sabe de sus limitaciones, no quiere ser una carga ni estorbo.

Giramos a la derecha para tomar la Calle Los Cubos, alcanzar el kilómetro veinte de la prueba e iniciar ya, todo el tramo urbano por la ciudad para llegar a la línea de meta.

Cuando finalizamos la Calle Las Fuentes y giramos hacia el Puente de San Francisco me quedo unos metros de ellos y, les vuelvo a decir que tiren hacia meta que yo, llegaré de igual manera.

Se vuelven a negar y bajan el ritmo para que me vuelva a incorporar, mientras cruzamos la Plaza de la Diputación antes de iniciar la Calle Corona de Aragón.

Ahora ya la tenemos, giramos hacia la izquierda e iniciamos los últimos doscientos metros de la carrera.

Dejamos que pase delante a una chica que nos había acompañado en los últimos dos kilómetros y, atravesamos los tres juntos la línea de meta.

Como había dicho anteriormente a pesar de que, los tres llegamos juntos los tiempos , los puestos fueron muy dispares:

Alex finalizó con un tiempo de 1h 37' 19" en el puesto 73º, David acabó con un tiempo de 1h 39' 50" en el puesto 81º y, el que os escribe, acabó su 20º Medio Maratón Ruta Vino del Somontano consecutivo, y 134º global, en el puesto 84º con un tiempo de 1h 40' 13".


Como se suele decir, "me podía dar con un canto en los dientes" el acabar esta carrera ya que, tan sólo un par de meses atrás dudaba muchísimo de que pudiera correr una distancia superior a los 10 kilómetros.

La pandemia, con sus casi cien días en Estado de Alarma, hicieron mella, principalmente en mi físico.

Los nervios, la tensión, la ansiedad, el mal comer, tarde y mal y el poco o nulo tiempo que tenía para hacer ejercicio físico hicieron que mi peso se disparara casi ocho kilos por encima de lo que estaba acostumbrado.

Una conversación trivial, a finales del mes de junio, con Víctor Castillón nos llevó a hablar del sobrepeso, de los kilos que yo me había echado encima y de una dieta.

Dieta a la que me aferré a los pocos días y, con la que conseguí bajar rápidamente de peso al principio y que hizo que, en dos meses, volviese a estar en los setenta kilos que era, mi peso "original".


Tras la llegada de los últimos corredores acudí a una extraña entrega de premios dadas las especiales circunstancias en la que nos encontramos.

Sin poder entregar los trofeos, ni dar la mano ni besos, y, mantener la distancia física en el homenaje que, en esta edición, el Club Atletismo Barbastro hizo a la doble campeona de España de maratón y olímpica en Pekín 2008, la serrablesa María José Pueyo.

Con este acto se ponía punto y final a una carrera, la primera en ruta que se hacía en nuestra Comunidad Autónoma desde el inicio de la pandemia y que, organizativamente, fue modélica.

Esperemos que, ojalá pronto podamos volver a reunirnos para correr y colocarnos un dorsal.

Esa será la mejor señal de que, esta pesadilla, ha desaparecido.

"En medio de cada dificultad se encuentra la oportunidad."

PD: Como tantas veces, mil gracias a los fotógrafos que nos proporcionan tanto recuerdos. (Manolo, Montse, Antonio, Ángel, Juan......)


















lunes, 17 de febrero de 2020

VOLVIENDO A SENTIRME "YO". LA 133, EN BALAGUER

A veces, las cosas hay que, simplemente, pensarlas y hacerlas.
En una de las escasas salidas a correr, con Ventura,que me permite mi apretada agenda actual, sobretodo entre semana, le comenté que, necesitaba, como el comer, de un objetivo, por pequeño que fuera, que me hiciera volver a sentir "normal".... que me activara.
Así que, tras echarle un vistazo al calendario, laboral y de competición, veo que me podría cuadrar hacer la media maratón de Balaguer.
En un simple y rápido cruce de mensajes lo dejamos "visto para sentencia" y quedamos inscritos.
Tanto la noche del viernes como la del sábado no duermo muy bien y tengo el estómago "raro"...revuelto.
Esto, unido a esos kilos de más que me he echado y que últimamente no salgo a correr lo que querría y debería, hace que me vaya a presentar en la línea de salida con muchas inseguridades en mí mismo.
El domingo amanece soleado en Barbastro y con una previsión de que sea así todo el día y, con una temperatura más que agradable.
Con esa idea, partimos, junto a Ventura, a las ocho y media de la mañana hacia Balaguer, pero, en la recta de las bodegas nos damos de bruces con una niebla, que no nos va a abandonar, ni en todo el trayecto ni en la propia carrera.
La llegada a la capital de la comarca de la Noguera es de lo más rocambolesca.
Nos dirigimos hacia una zona, en la ribera del río Segre, en la que hay situados varios arcos hinchables y carpas de organización, creyendo que, han cambiado de circuito y la salida y llegada será allí.
Cual es nuestra sorpresa, cuando nos dicen que allí, se va a celebrar un cross y nadie sabe nada de una media maratón.
Por un momento, me invade una duda enorme ya que,como llevo tantas cosas en la cabeza y tan variopintas, pienso que quizás me he confundido, he llevado a la confusión a Ventura, y nos hemos equivocado de día.
Por suerte no es así y otros corredores nos indican que la prueba, como en otras ocasiones partirá y llegará en la Plaza del Mercado.
Entre unas cosas y otras, se nos echa, prácticamente, el tiempo encima y, a falta de quince minutos para la salida estamos, en una pastelería, tratando que nos sirvan un café, que debemos ingerir, casi, como si se tratara de un chupito.
Tras los saludos con muchos amigos y compañeros de carreras, nos colocamos en la línea de salida.
A las diez y media, tras una cuenta atrás vocal comenzamos.
Mi única intención, como vengo diciendo, y siendo consecuente con mi limitado estado de forma actual es, acabarla sin grandes sufrimientos, con eso, me daré por más que satisfecho.
Lejos quedan aquellas medias en las que salía, a mi nivel, con el "cuchillo entre los dientes" para bajar de 1h 30'.
Las salidas siempre son engañosas, y uno, dejándose llevar por la excitación del momento, arranca mucho más rápido de lo que debería.
Esta vez, tengo algo de cabeza y me mantengo junto a Ventura, que va a hacer la prueba de diez kilómetros, tratando de olvidarme de lo que pase a mi alrededor e intentando no dejarme llevar por aquellos que nos adelantan.
Los tres primeros kilómetros son, por el interior de la ciudad, y en un perfil bastante llano.
A la altura del kilómetro dos, llega a nuestra altura, José Antonio, el tercero de los barbastrenses que ha bajado hasta tierras leridanas.
Nos comenta que está preparando la maratón de Zaragoza y que quiere hacer sobre 1h 50', y eso que, todavía, ni  nos alcanzado el guía de la "horacuarenta".
Salimos ya de Balaguer con una primera subida que estira el grupo.
Ventura se descuelga, José Antonio se adelanta y yo, me quedo en tierra de nadie.
Una vez finalizada, acelero un poco para ponerme a la altura de mi compañero del Club y, tratar de ir juntos.
Vamos a llegar a la localidad de Gerb, sobre el kilómetro seis, donde está ubicado el primer punto de avituallamiento del recorrido.
Aquí va a llegar un momento desafortunado para mí, y que no había vivido nunca.
Llegando a las mesas donde se hayan ubicadas las bebidas, una chica tropieza y cae al suelo.
Yo, hago por esquivarla, con tan mala fortuna, de que otro corredor me trastabilla por detrás y me hace caer al suelo también, sin soltar el botellín de agua que acababa de recoger.
Me levanto, con la ayuda del mismo corredor que me hizo caer.
Enseguida veo que sólo llevo una raspadura en la rodilla izquierda y algún arañazo en codo y manos, nada grave, a priori.
Continúo la carrera junto a José Antonio y siento que voy muy cómodo, ya que, soy capaz de llevar una conversación fluida durante todo el rato.
Llegamos hasta  el espectacular embalse de Sant Llorenç de Mongai (Reserva Natural de fauna salvaje), previo a la población que lleva su nombre, al segundo avituallamiento y al giro de 180º , en el kilómetro 11,5, que nos dirigirá hacia los últimos diez kilómetros hasta la línea de meta.
Ahora, nos agrupamos unos seis/siete corredores alrededor del práctico de 1h 40, lo que nos hace ir, protegidos y muy cómodos los siguientes kilómetros.
Así hasta que llegamos al kilómetro dieciséis y medio e iniciamos la subida, de nuevo, hacia Gerb.
Siento que mis piernas empiezan a ir justas y mis "depósitos" internos se están quedando vacíos.
Resisto junto a José Antonio toda la subida y trato de coger aire cuando la acabamos, aunque el grupo se ha roto y nos hemos quedado cuatro corredores.
Viene un kilómetro y medio, más o menos de llano/bajada que sirve para recomponernos un poco e iniciar, en el 19, otro repecho, el penúltimo de la carrera.
Toca sufrir, coronar y volver a coger aire, para encarar la última subida de la carrera, que nos llevará hasta la rotonda de entrada a Balaguer, al lado del Convento de Santa Clara, ya en el kilómetro 20.
Ahora viene todo el terreno favorable, en bajada y llano, a las faldas del Castillo de Formós en dirección al casco antiguo de la ciudad.
Los últimos quinientos metros de carrera son un recorrido por las estrechas calles del casco, antes de entrar en la Plaza del Mercado.
Invito al corredor que nos acompañaba (con el que me tropecé en la caída), a que se adelante en meta y, con José Antonio, entramos juntos en meta.
Para mi sorpresa, y alegría, porque no me lo esperaba, finalizo mi 133 media maratón con un tiempo de 1h 37' 48", a una media de 4'39", impensable unas horas antes cuando me despertaba con unas, muy malas, sensaciones en el cuerpo.
Uno se sorprende de lo que el cuerpo humano puede llegar a dar de sí.
Hoy, volví a sentir mi "verdadero yo", ese, del que me niego a abandonar y olvidar.

"Ser uno mismo, en un mundo que constantemente trata de que no lo seas, es el mayor de logros" .-Ralph Waldo Emerson.


lunes, 18 de noviembre de 2019

EN HUESCA, CAYÓ LA 132, LA MEDIA MARATÓN "MÁS LARGA"

Cuando uno se inscribe a una prueba como la media maratón en la que en su reglamento indica que está homologada por la RFEA, da por hecho que lo que va a correr serán 21097 metros.
Ese "sello" de prueba homologada podríamos decir que es, como un "márchamo" de calidad, que garantiza la seriedad y rigor de quien la organiza y por ello, los corredores, principalmente, aquellos que van tras una marca o mínima determinada, apuestan por ella.
La XI edición de la media maratón de Huesca no fue así.
A las ocho y media de la mañana, con una temperatura fresca, pero con sol, salimos, con Ventura hacia Huesca, para llegar a las inmediaciones del estadio del Alcoraz en poco más de media hora.
Allí, permanecía el sol, pero soplaba un aire de lo más helador.
Tras recoger el dorsal, nos reunimos con Paco, Brahim y Ernesto para irnos a tomar un café a la cafetería del estadio de fútbol.
Se va aproximando la hora de la salida y vamos al coche a cambiarnos, aunque no apetece nada ponerse de corto.
Esta vez he optado por camiseta interior de manga corta bajo la oficial de tirantes del club.
Salimos a trotar un poco por el aparcamiento y procedemos a la agrupación con el resto de corredores del Club y de Barbastro, Alejandro, Nico, Dani....
Comentamos entre todos la idea que llevamos y yo, como hice en Barbastro, y sabiendo de mis limitaciones físicas actuales, decido hacer la prueba con Dani.
Nos situamos ya, en la zona de salida y allí, el "calor humano" hace que uno se sienta uno un poco más a gustito.
La salida se demora unos minutos más, por motivos de seguridad y, pasadas las diez de la mañana arrancamos.
Tomamos la dirección hacia el Camino Cocorón y las Calles Ingeniero Pano, Encarnación ....para dirigirnos hacia el centro de Hueca, y más concretamente, a la Plaza de Navarra.
Una vez pasados los primeros kilómetros, hemos formado un buen "tridente" junto a Paco y Dani.
Si bien es cierto que el primer kilómetro se nos ha ido el ritmo, un poco de "madre", fruto siempre de la "excitación" de esos primeros metros de carrera, poco a poco lo vamos centrando y acondicionando a lo que realmente queremos hacer.
Al igual que quise hacer, e hice, en la Media Maratón de Barbastro, quiero limitar mi carrera a hablar, disfrutar y sufrir lo menos posible junto a mis compañeros, y puedo aseverar que, así lo estoy haciendo.
El callejeo por las principales calles del centro de Huesca (Ramón y Cajal, Coso Bajo, Ronda Montearagón, Coso Bajo y Coso Alto) es realmente desolador y decepcionante, por la escasísima presencia de público a los lados de las calles, lo que nos hace sentir como si estuviéramos haciendo un entrenamiento normal pero con dorsal.
Pasando junto a la Plaza de Toros se nos une Ventura, que está realizando la prueba del "cuarto de maratón" y juntos nos dirigimos, de nuevo, hacia la zona de salida/meta para completar, él, su carrera, y nosotros la primera vuelta de la media maratón.
Llegando de nuevo a la zona del Alcoraz, nos toca iniciar una "gymkana" de giros y "regiros", en el aparcamiento, que llegan a desesperar, todo ello, antes de pasar el arco de meta de la primera vuelta.
Mi reloj marca, ahí, los once kilómetros y mi reloj un tiempo parcial de 53'58".
Algo me descuadra, ya que, el cuarto de maratón son 10250 metros y los que han hecho esa distancia, han recorrido 11000, pero, pienso, "iluso" de mí, que lo que realmente está homologado es la distancia de la media maratón y lo han hecho así para que cuando llegue la segunda vuelta, se entre directamente a meta sin tener que hacer todo ese laberinto de "calles" y cintas que nos ha tocado padecer en esta primera vuelta.
Iniciamos pues, ya, la segunda vuelta al desértico circuito.
He de decir que, a pesar, de lo poco que, actualmente puedo ir saliendo a correr, me estoy encontrando muy bien y los kilómetros se me están pasando volando, llegando hasta el quince apenas sin enterarme.
En ese punto y tras hacer un giro de 180º en la Ronda Montearagón, en el avituallamento,  cojo un botellín de agua y un trozo de naranja, que como con avidez.
Estaba sintiendo desde hacía un rato un vacío en el estómago que me estaba empezando a preocupar y es que....correr una prueba de esta distancia con sólo dos cafés "en vena" no es lo más recomendable.
Merced al paso de los kilómetros, el grupo se ha quedado en cuatro corredores:Dani, Paco, un chico de Zaragoza y un servidor.
Aunque haciendo la "goma" Paco va aguantando.

Hacen ya, bastantes kilómetros que los puntos kilométricos no coinciden con la distancia real que llevamos, y, por nuestros relojes, se superan, con creces, los 500 metros.
Nos podemos hacer una idea de este descuadre cuando, finalizando el Coso Alto nos indican que nos dirijamos hacia la izquierda, dirección San Juan Bosco, en lugar de ir hasta la rotonda de las Miguelas, hacia la derecha, hacia donde nos indicaron en la primera vuelta.
Con posterioridad a la prueba, la propia organización reconocería que se había tratado de un grave error de marcaje y señalización de la prueba.
Regresamos por la Avenida Monreal hacia los Porches de Galicia y Plaza Navarra, para subir por la calle del Parque y girar a la izquierda, hacia la calle San Jorge, a la altura del Hotel Pedro I.
Ahí pasamos al lado del antiguo, mítico y vetusto pabellón polideportivo de Huesca, aquel conocido como la "caja de cerillas", antes de cruzar la Avenida Juan XXIII y buscar los "supuestos" dos últimos kilómetros hacia meta.
Paco se ha descolgado ligeramente del grupo y a mí, ya me está costando aguantar el ritmo.
Aquellas conversaciones fluidas que llevaba kilómetros atrás, han pasado al silencio más absoluto, por mi parte.
Giramos a la derecha y comienza el repecho previo que nos va a llevar hacia la zona del Alcoraz.
Dani y el otro corredor que nos acompaña me conminan a que les siga, y pese a que les digo en repetidas ocasiones que tiren para adelante, tienen la deferencia de esperarme e incluso "llevarme" tras ellos en el tramo de subida.
Una vez "coronado" ese tramo en pendiente, iniciamos la bajada hacia los supuestos últimos 1100 metros de carrera que se van a convertir en unos cuantos más.
Llegamos hasta el estadio de la S.D.Huesca y para nuestra sorpresa, vemos que debemos volver a realizar todo ese laberinto de giros en el aparcamiento antes de alcanzar la línea de llegada.
Durante todo ese "zigzageo" tengo tiempo de quedarme, de volverme a unir, de volverme a quedar......está siendo un auténtico despropósito de circuito y mis fuerzas se están acabando.
Miro mi reloj cuando intuyo que ya tendríamos que haber acabado la carrera y veo que el tiempo sería de 1h 42' (aprox), algo con lo que yo, ya me daba por más que satisfecho pero....aquello parece no acabar nunca y seguimos dando vueltas sin sentido por el aparcamiento deseando que aquello, de una vez por todas, tenga una salida hacia la recta de meta.
Por fin, "medio mareados", vemos la luz.
Salimos de ese atolladero y encaramos los tres, junto a la compañía de los hijos de Dani, la recta de llegada.
Cruzo la meta de mi 132ª media maratón (y un poco, bastante más), con un tiempo de 1h 44'12"...
Mi GPS marcó una distancia final de 21620 metros , es decir, medio kilómetro más de lo que debía ser y por tanto, esos dos minutos por encima de la marca real que debería haber sido.
Estos detalles, por mi "ligera" experiencia, hay que tratar de cuidarlos al detalle porque sino, una prueba pierde toda la seriedad y credibilidad.
Esperemos hayan sabido tomar nota de los errores, y que no se vuelvan a repetir en futuras ediciones.
En lo que a estos "cuatro huesos" respecta, de momento, me sigo manteniendo vivo y con ganas de continuar y espero, a no mucho tardar, poder volver a vestirme de corto para continuar con este "idilio" mío con la distancia del medio maratón.
Sería un bonito objetivo poder llegar a las 200....
Recuerda....."sueña, lucha, consigue".

"Perder la ilusión también es perderse a uno mismo"


martes, 15 de octubre de 2019

QUE NUNCA PIERDA ESTA ILUSIÓN...EN "CASA" CAYÓ LA 131

Si me dicen un año atrás que la siguiente media maratón de mi "pueblo" la iba a hacer siendo alcalde me habría carcajeado
Pero,como tantas cosas en la vida, uno nunca puede aferrarse a esa frase tan manida que dice :"de esta agua no beberé".
La última vez que me había presentado ante los 21097 metros había sido en Altorricón, el pasado mes de mayo, en el día de reflexión previo a las elecciones municipales y, desde entonces, mi vida ha dado un giro enorme.
Ese cambio tan radical ha supuesto una bajada importante de entrenamientos, sobre todo los de cierta calidad, y me he tenido que ir acostumbrando a salir a rodar a menor intensidad y con una finalidad más, terapéutica y psicológica que física.
Con estos "mimbres" llegaba al fin de semana de "mi" Medio Maratón, viéndolo, esta vez, desde el otro lado de la "barrera".
Esta nueva situación me permitió disfrutar muchísimo de las dos charlas que se organizaron, la de la nutricionista Ana Cardiel, y la del atleta invitado este año, el mítico Javier Moracho, además de una exitosa Milla Escolar, que batió el récord de inscritos en sus dieciséis ediciones.
El domingo, día de la carrera, me levanté a las seis de la mañana para acudir, una hora más tarde, a la zona de salida/meta para ayudar en lo que fuera preciso, principalmente en el montaje de toda la infraestructura, algo que pareció sorprender a algunos.
Creo que, lo extraño hubiera sido no haber estado nunca y ahora aparecer de manera interesada pero, estas tareas ya me había tocado hacerlas en las ocho ediciones en las que estuve metido hasta las "orejas" en la junta directiva del Club.
Además, los que me conocen saben que no se me caen los anillos por "remangarme" y ensuciarme un poco por trabajar y ayudar.
Cuando ya estuvo todo controlado y comenzaron a llegar a la zona corredores, tuve el privilegio de hacer algo que no había podido hacer en años anteriores...irme a desayunar con José Mari.
Un pincho de tortilla, con pan con tomate  y una Coca Cola, aunque hubiera preferido un buen vino, fue nuestro desayuno.
Pequeños placeres que te da la vida, ¡qué gustazo!.
Tras este momento de paz, regresé a la zona de salida y ahí comenzó una de esos momentos que más me gustan y más satisfacción personal me dan, poder saludar a tantos y tantos amig@s de este mundillo que uno ha ido haciendo a lo largo de todos estos años y con los que me une un vínculo y lenguaje especial.
Me hizo especial gracia, cuando me `preguntaban por el tiempo y ritmo con el que iba a salir, y al contestarles que me iba a ir con el guía de la hora y cuarenta y cinco minutos, se reían o me decían que estaba de "coña"...nada más lejos de la realidad.

Uno, que ya tiene creo, una cierta experiencia, sabe, o debería saber, en qué condición física se encuentra para ser realista y no hacer una "brabuconada" que a lo único que puede llevarle es a sufrir sin sentido.
Tras la tradicional foto junto a todos los compañeros/as del Club me dirijo hacia la zona de salida, en la que me acomodo tranquilamente en el centro del pelotón.
Llegan las diez de la mañana, suena la detonación de la pistola del juez y salimos.
Hacía muchos años que no me tomaba una salida con tanta tranquilidad y disfrutando del ambiente.

Poco antes de pasar el arco de meta, de inicio, llega a mi altura mi compañero de trabajo, Dani, que me pregunta por la idea que llevo de cara a la carrera y decide quedarse a mi lado.
Al llegar al kilómetro uno, en el Paseo del Coso, me espera mi Pauli para darme la gorra.
"Mi" gorra, esa que, no se me pregunte el porqué, necesito como si fuera un amuleto y con la que me siento, podría decir, que un poquito más protegido y seguro.
Vamos saliendo de Barbastro, subiendo por la Avenida de Navarra y pasando por debajo del puente de las Capuchinas, para llegar, kilómetro dos, al precioso, y pendiente de restaurar, Puente de Santa Fe.
Allí nos alcanza David que es quien está sirviendo como guía para los que quieren hacer esa
"horacuarentaycinco" que yo me había marcado.
Se pone a nuestra "vera", saliendo a la carretera comarcal y ahí, vamos ya, formando "grupeta".
Ha salido un día espectacular, muy soleado y con una temperatura alta, algo que nos tendrá que obligar a beber en todos los avituallamientos.
En este grupo, vamos varios corredores locales y la comunicación y las risas están fluyendo como si se tratara de una salida más de los domingos con mi querida "vieja guardia".
Al paso por el primer avituallamiento, en el kilómetro cinco, en el cruce de las bodegas, cojo botellín de agua, bebo un poco, me echo por la cabeza otro poco, y me lo guardo en la mano hasta el siguiente punto.
David está llevando un ritmo constante de 4'52 por kilómetro, lo que nos hace ir con un poquito de tiempo de reserva para el final, aunque el trabajo del guía es intentar ir siempre manteniendo una misma marcha sin ir a "trompicones".
Llegamos a Castillazuelo, donde tenemos el segundo avituallamiento de la prueba, tiro el botellín que llevaba en la mano y repito la misma operación que en el anterior.
Abandonamos temporalmente la población de Castillazuelo, con su fortaleza medieval del siglo XIII "mirándonos" desde lo alto y ponemos rumbo hacia Pozán de Vero, punto intermedio de la carrera.
En esos tres kilómetros que separan las dos localidades es cuando se inicia uno de los momentos que siempre me han gustado más de esta carrera...el cruce con el resto de participantes.
El reflejo de las motos y coches que abren carrera en la lejanía, marcan el inicio de ese rosario de corredores que están pugnando, por la victoria unos, una mejor marca otros, y finalizar esta exigente prueba, que son, somos,  la gran mayoría.
Los dos primeros son el jaqués Alberto Puyuelo (que a la postre sería el vencedor por segunda vez de nuestra carrera) y el catalán Xavi Tomassa.
¡Qué gusto da ver correr así!, uno siente una sana envidia, porque sabe que ni en sus mejores sueños podría llegar a asemejarse a ellos.
Distraídos, viendo y animando a todos aquellos que van en cabeza, vamos pasando esos kilómetros hasta que entramos en Pozán de Vero.
Allí, como casi marca la tradición, nos espera José Emilio Marcen, juez, presidente del Club durante cuatro años (2005/2009), vecino de Pozán y ante todo, buena persona, quien nos ofrece ,como siempre, un "trago" de vino del porrón que tiene en una buena sombra....¡qué tentación más grande!...pero va a ser que no.
Cruzamos Pozán por el centro del pueblo y, como uno es así de "chalao", me sale casi sin querer informar al resto del grupo del lugar exacto donde se encuentra el punto más alto de la prueba. (417 metros).
Un pequeño montículo ubicado en mitad de la Calle Barbastro que, aunque sea a modo imaginario, sirve como punto de inflexión de la prueba, ya que se haya en el kilómetro 10'5 de carrera.
Una vez pasado ese virtual "premio de la montaña", bajamos en dirección a la carretera donde está el siguiente avituallamiento que siempre está animadísimo por la gran cantidad de vecinos que allí se encuentran.
Nada más pasar el arco, Yago,que iba en el grupo, decide irse para bajar marca....
Por un momento se me pasa por la cabeza seguirlo pero, decido aguantar ahí y seguir disfrutando de la carrera como he estado haciendo hasta ahora.
Ahora llega el momento en el que somos nosotros, los que nos vamos cruzando y animando a tod@s aquell@s que van por detrás nuestro, y la verdad, para mí, siempre es algo que me gusta y con lo que disfruto.
El "grupo de David" se ha ido reduciendo tal y como han ido pasando los kilómetros, bien porque unos se han ido para adelante, bien porque otros se han quedad, pero los que estamos nos encontramos muy cómodos allí.
Debo decir que nuestro guía está siendo un auténtico "reloj suizo" y sus tiempos están siendo muy regulares a cada kilómetro.
Llegamos a Castillazuelo de nuevo, para entrar por la zona deportiva y llegar a una abarrotada y festiva Plaza de la Iglesia donde se nos ofrece el cuarto avituallamiento de la prueba.
Es normal que en los avituallamientos el grupo se descomponga un poco y más con el paso de los kilómetros, así que, en este, mientras salimos hacia la zona de la báscula, en el kilómetro catorce, forzamos una recomposición del máximo número de corredores.
Esto permite que alguno que se había quedado pueda enlazar, aunque sea momentáneamente, con nosotros.
Regresamos a la carretera comarcal para iniciar ya, los últimos siete kilómetros para llegar hasta la línea de meta.
Hacía mucho tiempo que no estaba disfrutando tanto de una carrera, sin apenas mirar el reloj, hablando constantemente con todos (¡qué pesado debo hacerme!) y con unas sensaciones físicas, muy lejos de las mejores, pero, por lo menos, sin sufrir en demasía.
Llegamos al kilómetro dieciséis y, por tanto, de nuevo, al avituallamiento del cruce de las bodegas (Viñas del Vero, Bodega Pirineos y Lalanne)...ya sólo nos quedan los últimos cinco kilómetros.
Es ya, en estos momentos, cuando empezamos a recoger corredores a los que se les está haciendo larga la carrera, y me vienen a la cabeza mis recuerdos del año anterior, donde tuve que pararme a andar hasta en tres ocasiones, por primera vez en toda mi "carrera", en lo que a medias maratones se refiere.
Sobre el kilómetro dieciocho llega ese momento que siempre me gusta compartir con aquellos con los que voy corriendo.
Ese instante en el que, al fondo, a lo lejos, aparece la Torre de nuestra Catedral y en la que siempre les digo eso de que.... "¡mirad, ya se ve la Catedral, esto, ya está hecho!".
Abandonamos la carretera y regresamos ya al Puente de Santa Fe donde se haya el penúltimo avituallamiento de la carrera, sigo cogiendo agua para beber y remojarme la cabeza un poquito, antes de iniciar nuestra mítica y "querida", subida del Silo.
Ese es el momento de regular, controlar el ritmo y echar el penúltimo resto que nos quede para poder llegar a los últimos mil metros de carrera lo mejor posible.
Allí, llegan, como cada año, los ánimos de mi amigo Chema antes de "coronar" esa subida bajo el puente de las Capuchinas.
Una vez que hemos llegado allí, tomamos un poco aire y cuando se inicia el descenso, las piernas se van solas hacia el kilómetro veinte en mitad de la Avenida de Navarra.
Dani se va del grupo para intentar mejorar tiempo, y a mí las piernas, también me piden un poco de "guerra".
Se lo digo a David y decido irme para disfrutar de esos últimos mil metros de "soledad" por mi ciudad.
Año tras año, recibir el aliento, el cariño y los ánimos que llegan desde el público a lo largo del Paseo del Coso, General Ricardos, Corona de Aragón y Avenida San José María Escrivá de Balaguer, le hacen poner a uno la carne de gallina.
He de decir, que la falta de kilómetros que llevo en las piernas en los últimos meses, han provocado que se me estén  haciendo un poco largos estos últimos tres mil metros de la carrera, pero, nada comparable a lo de hacía un año, en que estuve casi en situación crítica.

Finalizo ya Corona de Aragón y giro a la izquierda para iniciar ya, esos últimos doscientos metros hasta la línea de llegada.
Ahí, sí que me relajo y disfruto de ese momento único de recibir los aplausos y el aliento del público que siempre se ha portado tan bien conmigo.
Con las cariñosas palabras de mi buen amigo Pepe Badel, un año más, excelente speaker de la prueba,cruzo la línea de meta de mi 131 media maratón (19ª consecutiva en Barbastro) en un tiempo de 1h 44' 23", aunque esta vez, la marca era lo de menos y las sensaciones y el volverme a sentir corredor popular era lo de más.
Tras la llegada, tuve el lujo, para mí, de ser recibido por Javier Moracho y poder darle un abrazo y mi enhorabuena más sincera al actual presidente del Club, mi buen amigo Fernando Abellán, por la excelente organización.
Luego, tras la ducha, y antes de subir al escenario, esta vez, sólo a entregar trofeos, pudimos vivir un momento muy emocionante.
Recibir entre un pasillo de aplausos a mi admirado Don José María Chéliz, quien el día anterior de la media había cumplido 79 años y finalizaba su enésima media maratón.
Todo un ejemplo de persona.
Para acabar un día y un fin de semana atlético completo, nos reunimos en el recinto ferial a compartir una paella junto a compañer@s del Club y otros muchos corredores foráneos.
Ojalá esta historia, mi historia, continúe.

"Vale la pena luchar por lo que vale la pena tener"