martes, 15 de octubre de 2019

QUE NUNCA PIERDA ESTA ILUSIÓN...EN "CASA" CAYÓ LA 131

Si me dicen un año atrás que la siguiente media maratón de mi "pueblo" la iba a hacer siendo alcalde me habría carcajeado
Pero,como tantas cosas en la vida, uno nunca puede aferrarse a esa frase tan manida que dice :"de esta agua no beberé".
La última vez que me había presentado ante los 21097 metros había sido en Altorricón, el pasado mes de mayo, en el día de reflexión previo a las elecciones municipales y, desde entonces, mi vida ha dado un giro enorme.
Ese cambio tan radical ha supuesto una bajada importante de entrenamientos, sobre todo los de cierta calidad, y me he tenido que ir acostumbrando a salir a rodar a menor intensidad y con una finalidad más, terapéutica y psicológica que física.
Con estos "mimbres" llegaba al fin de semana de "mi" Medio Maratón, viéndolo, esta vez, desde el otro lado de la "barrera".
Esta nueva situación me permitió disfrutar muchísimo de las dos charlas que se organizaron, la de la nutricionista Ana Cardiel, y la del atleta invitado este año, el mítico Javier Moracho, además de una exitosa Milla Escolar, que batió el récord de inscritos en sus dieciséis ediciones.
El domingo, día de la carrera, me levanté a las seis de la mañana para acudir, una hora más tarde, a la zona de salida/meta para ayudar en lo que fuera preciso, principalmente en el montaje de toda la infraestructura, algo que pareció sorprender a algunos.
Creo que, lo extraño hubiera sido no haber estado nunca y ahora aparecer de manera interesada pero, estas tareas ya me había tocado hacerlas en las ocho ediciones en las que estuve metido hasta las "orejas" en la junta directiva del Club.
Además, los que me conocen saben que no se me caen los anillos por "remangarme" y ensuciarme un poco por trabajar y ayudar.
Cuando ya estuvo todo controlado y comenzaron a llegar a la zona corredores, tuve el privilegio de hacer algo que no había podido hacer en años anteriores...irme a desayunar con José Mari.
Un pincho de tortilla, con pan con tomate  y una Coca Cola, aunque hubiera preferido un buen vino, fue nuestro desayuno.
Pequeños placeres que te da la vida, ¡qué gustazo!.
Tras este momento de paz, regresé a la zona de salida y ahí comenzó una de esos momentos que más me gustan y más satisfacción personal me dan, poder saludar a tantos y tantos amig@s de este mundillo que uno ha ido haciendo a lo largo de todos estos años y con los que me une un vínculo y lenguaje especial.
Me hizo especial gracia, cuando me `preguntaban por el tiempo y ritmo con el que iba a salir, y al contestarles que me iba a ir con el guía de la hora y cuarenta y cinco minutos, se reían o me decían que estaba de "coña"...nada más lejos de la realidad.

Uno, que ya tiene creo, una cierta experiencia, sabe, o debería saber, en qué condición física se encuentra para ser realista y no hacer una "brabuconada" que a lo único que puede llevarle es a sufrir sin sentido.
Tras la tradicional foto junto a todos los compañeros/as del Club me dirijo hacia la zona de salida, en la que me acomodo tranquilamente en el centro del pelotón.
Llegan las diez de la mañana, suena la detonación de la pistola del juez y salimos.
Hacía muchos años que no me tomaba una salida con tanta tranquilidad y disfrutando del ambiente.

Poco antes de pasar el arco de meta, de inicio, llega a mi altura mi compañero de trabajo, Dani, que me pregunta por la idea que llevo de cara a la carrera y decide quedarse a mi lado.
Al llegar al kilómetro uno, en el Paseo del Coso, me espera mi Pauli para darme la gorra.
"Mi" gorra, esa que, no se me pregunte el porqué, necesito como si fuera un amuleto y con la que me siento, podría decir, que un poquito más protegido y seguro.
Vamos saliendo de Barbastro, subiendo por la Avenida de Navarra y pasando por debajo del puente de las Capuchinas, para llegar, kilómetro dos, al precioso, y pendiente de restaurar, Puente de Santa Fe.
Allí nos alcanza David que es quien está sirviendo como guía para los que quieren hacer esa
"horacuarentaycinco" que yo me había marcado.
Se pone a nuestra "vera", saliendo a la carretera comarcal y ahí, vamos ya, formando "grupeta".
Ha salido un día espectacular, muy soleado y con una temperatura alta, algo que nos tendrá que obligar a beber en todos los avituallamientos.
En este grupo, vamos varios corredores locales y la comunicación y las risas están fluyendo como si se tratara de una salida más de los domingos con mi querida "vieja guardia".
Al paso por el primer avituallamiento, en el kilómetro cinco, en el cruce de las bodegas, cojo botellín de agua, bebo un poco, me echo por la cabeza otro poco, y me lo guardo en la mano hasta el siguiente punto.
David está llevando un ritmo constante de 4'52 por kilómetro, lo que nos hace ir con un poquito de tiempo de reserva para el final, aunque el trabajo del guía es intentar ir siempre manteniendo una misma marcha sin ir a "trompicones".
Llegamos a Castillazuelo, donde tenemos el segundo avituallamiento de la prueba, tiro el botellín que llevaba en la mano y repito la misma operación que en el anterior.
Abandonamos temporalmente la población de Castillazuelo, con su fortaleza medieval del siglo XIII "mirándonos" desde lo alto y ponemos rumbo hacia Pozán de Vero, punto intermedio de la carrera.
En esos tres kilómetros que separan las dos localidades es cuando se inicia uno de los momentos que siempre me han gustado más de esta carrera...el cruce con el resto de participantes.
El reflejo de las motos y coches que abren carrera en la lejanía, marcan el inicio de ese rosario de corredores que están pugnando, por la victoria unos, una mejor marca otros, y finalizar esta exigente prueba, que son, somos,  la gran mayoría.
Los dos primeros son el jaqués Alberto Puyuelo (que a la postre sería el vencedor por segunda vez de nuestra carrera) y el catalán Xavi Tomassa.
¡Qué gusto da ver correr así!, uno siente una sana envidia, porque sabe que ni en sus mejores sueños podría llegar a asemejarse a ellos.
Distraídos, viendo y animando a todos aquellos que van en cabeza, vamos pasando esos kilómetros hasta que entramos en Pozán de Vero.
Allí, como casi marca la tradición, nos espera José Emilio Marcen, juez, presidente del Club durante cuatro años (2005/2009), vecino de Pozán y ante todo, buena persona, quien nos ofrece ,como siempre, un "trago" de vino del porrón que tiene en una buena sombra....¡qué tentación más grande!...pero va a ser que no.
Cruzamos Pozán por el centro del pueblo y, como uno es así de "chalao", me sale casi sin querer informar al resto del grupo del lugar exacto donde se encuentra el punto más alto de la prueba. (417 metros).
Un pequeño montículo ubicado en mitad de la Calle Barbastro que, aunque sea a modo imaginario, sirve como punto de inflexión de la prueba, ya que se haya en el kilómetro 10'5 de carrera.
Una vez pasado ese virtual "premio de la montaña", bajamos en dirección a la carretera donde está el siguiente avituallamiento que siempre está animadísimo por la gran cantidad de vecinos que allí se encuentran.
Nada más pasar el arco, Yago,que iba en el grupo, decide irse para bajar marca....
Por un momento se me pasa por la cabeza seguirlo pero, decido aguantar ahí y seguir disfrutando de la carrera como he estado haciendo hasta ahora.
Ahora llega el momento en el que somos nosotros, los que nos vamos cruzando y animando a tod@s aquell@s que van por detrás nuestro, y la verdad, para mí, siempre es algo que me gusta y con lo que disfruto.
El "grupo de David" se ha ido reduciendo tal y como han ido pasando los kilómetros, bien porque unos se han ido para adelante, bien porque otros se han quedad, pero los que estamos nos encontramos muy cómodos allí.
Debo decir que nuestro guía está siendo un auténtico "reloj suizo" y sus tiempos están siendo muy regulares a cada kilómetro.
Llegamos a Castillazuelo de nuevo, para entrar por la zona deportiva y llegar a una abarrotada y festiva Plaza de la Iglesia donde se nos ofrece el cuarto avituallamiento de la prueba.
Es normal que en los avituallamientos el grupo se descomponga un poco y más con el paso de los kilómetros, así que, en este, mientras salimos hacia la zona de la báscula, en el kilómetro catorce, forzamos una recomposición del máximo número de corredores.
Esto permite que alguno que se había quedado pueda enlazar, aunque sea momentáneamente, con nosotros.
Regresamos a la carretera comarcal para iniciar ya, los últimos siete kilómetros para llegar hasta la línea de meta.
Hacía mucho tiempo que no estaba disfrutando tanto de una carrera, sin apenas mirar el reloj, hablando constantemente con todos (¡qué pesado debo hacerme!) y con unas sensaciones físicas, muy lejos de las mejores, pero, por lo menos, sin sufrir en demasía.
Llegamos al kilómetro dieciséis y, por tanto, de nuevo, al avituallamiento del cruce de las bodegas (Viñas del Vero, Bodega Pirineos y Lalanne)...ya sólo nos quedan los últimos cinco kilómetros.
Es ya, en estos momentos, cuando empezamos a recoger corredores a los que se les está haciendo larga la carrera, y me vienen a la cabeza mis recuerdos del año anterior, donde tuve que pararme a andar hasta en tres ocasiones, por primera vez en toda mi "carrera", en lo que a medias maratones se refiere.
Sobre el kilómetro dieciocho llega ese momento que siempre me gusta compartir con aquellos con los que voy corriendo.
Ese instante en el que, al fondo, a lo lejos, aparece la Torre de nuestra Catedral y en la que siempre les digo eso de que.... "¡mirad, ya se ve la Catedral, esto, ya está hecho!".
Abandonamos la carretera y regresamos ya al Puente de Santa Fe donde se haya el penúltimo avituallamiento de la carrera, sigo cogiendo agua para beber y remojarme la cabeza un poquito, antes de iniciar nuestra mítica y "querida", subida del Silo.
Ese es el momento de regular, controlar el ritmo y echar el penúltimo resto que nos quede para poder llegar a los últimos mil metros de carrera lo mejor posible.
Allí, llegan, como cada año, los ánimos de mi amigo Chema antes de "coronar" esa subida bajo el puente de las Capuchinas.
Una vez que hemos llegado allí, tomamos un poco aire y cuando se inicia el descenso, las piernas se van solas hacia el kilómetro veinte en mitad de la Avenida de Navarra.
Dani se va del grupo para intentar mejorar tiempo, y a mí las piernas, también me piden un poco de "guerra".
Se lo digo a David y decido irme para disfrutar de esos últimos mil metros de "soledad" por mi ciudad.
Año tras año, recibir el aliento, el cariño y los ánimos que llegan desde el público a lo largo del Paseo del Coso, General Ricardos, Corona de Aragón y Avenida San José María Escrivá de Balaguer, le hacen poner a uno la carne de gallina.
He de decir, que la falta de kilómetros que llevo en las piernas en los últimos meses, han provocado que se me estén  haciendo un poco largos estos últimos tres mil metros de la carrera, pero, nada comparable a lo de hacía un año, en que estuve casi en situación crítica.

Finalizo ya Corona de Aragón y giro a la izquierda para iniciar ya, esos últimos doscientos metros hasta la línea de llegada.
Ahí, sí que me relajo y disfruto de ese momento único de recibir los aplausos y el aliento del público que siempre se ha portado tan bien conmigo.
Con las cariñosas palabras de mi buen amigo Pepe Badel, un año más, excelente speaker de la prueba,cruzo la línea de meta de mi 131 media maratón (19ª consecutiva en Barbastro) en un tiempo de 1h 44' 23", aunque esta vez, la marca era lo de menos y las sensaciones y el volverme a sentir corredor popular era lo de más.
Tras la llegada, tuve el lujo, para mí, de ser recibido por Javier Moracho y poder darle un abrazo y mi enhorabuena más sincera al actual presidente del Club, mi buen amigo Fernando Abellán, por la excelente organización.
Luego, tras la ducha, y antes de subir al escenario, esta vez, sólo a entregar trofeos, pudimos vivir un momento muy emocionante.
Recibir entre un pasillo de aplausos a mi admirado Don José María Chéliz, quien el día anterior de la media había cumplido 79 años y finalizaba su enésima media maratón.
Todo un ejemplo de persona.
Para acabar un día y un fin de semana atlético completo, nos reunimos en el recinto ferial a compartir una paella junto a compañer@s del Club y otros muchos corredores foráneos.
Ojalá esta historia, mi historia, continúe.

"Vale la pena luchar por lo que vale la pena tener"














martes, 11 de junio de 2019

LA 130ª, Y.. RESISTIÉNDOME A DEJAR DE COMPETIR

Desde octubre del año pasado, no participaba en una media maratón (fue en la nocturna de Bilbao) y, desde nuestra San Silvestre, el último día del año, no me ponía un dorsal en el pecho.
Y es que mi vida, ha dado un giro enorme estos últimos meses y me ha sido,materialmente imposible mantener unos hábitos que, a poco que pueda, quiero seguir cuidando y mimando en mi día a día, porque me aportan muchísimo a nivel físico y emocional.
Ese cambio radical al que hago referencia, se debe a que, al día siguiente de esta carrera, el domingo 26 de mayo, concurriría por primera vez en mi vida a unas elecciones municipales como candidato a la alcaldía de mi ciudad..casi "ná".
Y no quise, ni pude tener mejor jornada de reflexión que yendo a correr una media maratón a Altorricón junto a mi buen amigo y compañero, Miguel Ángel Barfaluy.
A las cinco de la tarde de ese sábado, salimos desde Barbastro para llegar hasta el campo de fútbol de Altorricón en unos ,muy distraídos y amenos, cuarenta minutos.
A pesar de que, ni física, ni anímicamente estaba para muchas "historias", ver y sentir el cariño de muchos compañeros de otras localidades que somos habituales de este tipo de carreras eleva a uno la moral y te hace volver a sentir "humano", tras unos meses, en los que en mi nueva faceta "política" he podido percibir cosas que nada tienen que ver con los valores que se transmiten en el mundo del deporte, entre ellos, el respeto y la humildad.
Minutos antes de las 18:30 estamos ya situados en la zona de salida, el reducido grupo de corredores que vamos a participar en la distancia de media maratón, unos cuarenta corredores.
Se da la salida  e iniciamos, en subida, los primeros metros de la prueba, cruzando la carretera A-1240 e introduciéndonos por varias calles del centro de Altorricón, para salir, en poco tiempo, hacia los caminos colindantes.
Ahí en la subida me uno a un grupo de cuatro corredores que van a un ritmo parecido al que yo, en estos momentos, me puedo adaptar.
Pasado el primer kilómetro, dejamos el asfalto para comenzar a correr ya, por caminos.
En ese grupito me estoy encontrando cómodo y decido aguantar ahí hasta que las fuerzas, por uno u otro lado, acompañen.
Hoy he decidido disfrutar todo lo que pudiera corriendo, sin apenas mirar el reloj, y liberando mi cuerpo y mi mente de tanta tensión acumulada en los últimos meses.
El terreno no es nada duro, aunque se van alternando cortos tramos de subidas y bajadas.
En una de esas bajadas, me despego un poco del grupo, aunque hago por dejarme coger en la siguiente subida, por ir más acompañado.
Pero es, al finalizarla e iniciar de nuevo otro tramo en descenso cuando me vuelvo a ir unos metros de manera totalmente involuntaria.
Echo un vistazo al reloj por saber en qué kilómetro estamos y veo que hemos pasado el ocho, así que decido probar a ver cuánto aguanto ahí.
Poco a poco voy acercándome a una corredora, que según mis "cálculos" y lo que había percibido en la zona de salida, debe tratarse de la primera clasificada de la prueba.
No me resulta nada fácil darle alcance ya que, mis piernas, no tienen más "cambios" para ofrecerme y he de ir regulandome para no quemarme demasiado pronto.
Consigo ponerme a su altura y tras el saludo de cortesía, me comenta que lleva varios kilómetros con flato y dolor de estómago, nadie lo diría, con lo que me ha costado alcanzarla.
Se trata de Lisa Lladós, corredora habitual del equipo leridano Clos Pons Thai Runners con la que ya habíamos coincidido en otras carreras de la zona.
Nos acercamos ya a Algayón, ecuador de la carrera y nuevamente pisamos durante unos cuantos metros tramos de asfalto.
Hasta ahora, estos diez primeros kilómetros habían sido un rompe piernas, con continuas subidas y bajadas que impedían mantener el ritmo constante, pero ahora, y tras el avituallamiento en medio del pueblo, comenzamos un buen tramo en bajada, que ayuda a soltar piernas y avivar un poco el ritmo, algo que agradezco ya que, llevaba unos kilómetros bastante aletargado.
Los siguientes kilómetros hasta el catorce se me pasan muy rápidos, merced a la conversación que vamos llevando , lo favorable del terreno y un ritmo con el que, en la actualidad, me siento cómodo.
Es, aproximadamente, llegando al kilómetro quince, cuando Lisa me dice que ha de parar porque su estómago le está haciendo estragos.
Se aparte del camino y decido irme sólo.
Mi situación actual de carrera es:
Por delante llevo a otro corredor, bastante alejado, y por detrás veo a varios que, por unidades y disgregados, circulan a unos cuantos cientos de metros de mí...
Para mí 0 agobios.
Kilómetro diecisiete y llego a la Melusa, miro mi reloj, para hacerme una idea y veo que, a pesar de mi inactividad de los últimos meses, voy a bajar de la hora y cuarenta minutos, algo que en la salida, ni me podía imaginar.
Ahora sí que voy sintiendo la pesadez y la falta de kilómetros en mis piernas y soy consciente de que esos últimos cuatro mil metros se me van a hacer un poco largos.
Sin obsesionarme, en absoluto, y con el único objetivo de acabar la prueba, sigo manteniendo el ritmo hasta llegar a la entrada de Altorricón.
Ahí, de nuevo, piso asfalto y me dispongo a recorrer los últimos mil metros de la carrera.
Pese a que he recortado mucha distancia con el corredor que me precedía, me resulta imposible aumentar más mi ritmo, y por tanto, acercarme más a él, no hay problema.
Escucho más nitidamente la megafonía, giro a la derecha y encaro ya los últimos metros de la prueba, para cruzar la línea de meta de mi 130ª Media Maratón con un tiempo de 1h 37' 37" a una media de 4'46" por kilómetro..más que suficiente.
Tras la ducha, nos comemos un bocadillo de longaniza y nos bebemos una cerveza, más que merecidas, con Miguel Angel y regresamos a casa a descansar, antes de una jornada, la del domingo 26 de mayo, que a nivel personal, sería histórica.

PD: Una vez más, gracias a Manolo Susín por las fotos.

"La única forma de que un sueño se vuelva imposible, es abandonándolo"




lunes, 19 de noviembre de 2018

UN AÑO MÁS NO FALTO A MI CITA CONTIGO



Un año más y lejos del, para mí, excesivo "ruido" de los cumpleaños, te quiero dejar mi pequeño regalo de cumpleaños.
Ese que intento hacer, cada año, con el mayor cariño del mundo, con los recuerdos de tu vida.
Ojalá cuando seas mayor te emociones viéndolos como yo lo hago cuando te voy viendo crecer.
Te quiero mucho mi Princesa.

jueves, 25 de octubre de 2018

LA 129ª EN LA NOCTURNA DE BILBAO

En 2012 acudí a Bilbao a correr su maratón nocturna y cuando acabé dije que, a esa distancia, y con ese horario, no volvería ni aunque me regalaran la inscripción.
Seis años después regresaba a la capital vizcaína pero a participar en la distancia de media maratón, "la mía"...aunque últimamente me ha dado algún que otro "problemilla".
De aquella edición han cambiado algunas cosas, entre ellas, el horario de salida.
Ahora se sale dos horas antes que en aquella ocasión (a las siete de la tarde) y eso, salir un poquito de día, se agradece.
Al ser un horario tan "raro", los bioritmos del cuerpo van un poco a su aire y uno no sabe muy bien cómo y cuando comer y descansar.
Sobre las cuatro de la tarde acababa de comer y me pude tumbar a descansar un rato en el hotel hasta las cinco y media.
Me cambié y de ahí, con un poquito de estrés, porque ya habían cerrado el servicio del tranvía, me dirijo, vía metro, hacia el lugar de salida de la prueba, en los exteriores del espectacular estadio de San Mamés, donde el ambiente es realmente espectacular.
Hay que reconocer que, han sabido dar con la "tecla" para atraer a muchísimos corredores y conseguir, en esta edición, batir récords con más 12000 participantes entre las tres pruebas.
Nada más llegar, tengo la fortuna de poder reencontrarme con Chema, darle un abrazo y poderle entregar un ejemplar del último libro que he editado, en el que he recopilado la historia de los 25 primeros años de nuestro medio maratón del que él fue protagonista y vencedor en 2014.
En cuanto me pongo de "corto", me dirijo ya, hacia mi cajón de salida, que es el segundo.
El cielo está muy encapotado pero la temperatura está en 20º y la sensación de humedad es muy alta (hasta un 95%).
Estas condiciones meteorológicas unidas a los nervios previos y el tiempo que pasamos metidos en los cajones de salida, "culo con culo", hacen que la sensación de sofoco y agobio sea todavía mayor.
Siete de la tarde, con música en directo, llamaradas de fuego a ambos lados y una colección de fuegos artificiales arrancamos la nocturna de Bilbao.
Los primeros metros de la prueba rodean todo el estadio de San Mamés y nos dirigen hacia la Gran Vía.
El ambiente de la salida, tanto el formado por corredores como por público a ambos lados de las calles es, sencillamente, espectacular.
Tanto es así, que mi paso por el kilómetro 1 es en 3'52"...y, a pesar de eso, no consigo llegar a la altura del guía de la 1h30'.
Giramos toda la Plaza Moyua para dirigirnos hacia la impactante torre de Iberdrola.
Paso por el "2" en 4' 05" y no hay manera de engancharme al grupo...algo falla.
Decido ir a "mi bola" , no obsesionarme con el "globo" y buscar los ritmos en los que pueda ir más cómodo.
No me encuentro mal, pero, el "lastre mental" que sufro desde la malísima experiencia de Barbastro de hace 20 días me hace ser bastante prudente y desconfiado.
Si miramos el perfil de la prueba vemos que hay un desnivel de tan sólo 15 metros, pero luego, hay que testarlo sobre el asfalto, y, puedo dar fe que llana, lo que se dice llana, no es para nada.
Iniciando la Avenida Lehendakari Aguirre llega el kilómetro 5 (20'45"), primer avituallamiento y he de espabilarme para no quedarme sin botellín de agua, dado que, todavía vamos muchos corredores en el grupo y los voluntarios, por momentos, no dan abasto.
Primer giro de 180º a la altura del polideportivo San Ignacio y volvemos bordeando el parque Sarriko en dirección, por la Avenida Madariaga hacia el kilómetro ocho de carrera.
Pasamos por el Ayuntamiento y cruzamos el puente de Deusto antes del desvío, en el "9" de la prueba de 10 kilómetros.
Una vez desviados, el resto nos vamos hacia el parque de Doña Casilda en busca del ecuador de la prueba.
Nuevo avituallamiento líquido (este ya con menos agobios) y paso por el kilómetro 10 (42'50").
Mis tiempos intermedios no superan los 4'25" lo cual, no está nada mal, aunque siento que mis piernas no van a estar para muchas "alegrías" más.
Ahora pasamos por el Palacio Euskalduna, donde por la mañana recogíamos el dorsal y nos dirigimos de manera paralela al Guggenheim.
Se escucha el bullicio, los speakers y la música a "todo trapo" de la zona de meta y casi dan ganas de pararse ya allí.
Poco a poco nos alejamos hacia el casco viejo donde tras un nuevo giro de 180º pasado el puente del Arenal regresamos por la avenida Campo Volantín , en un callejeo de ida y vuelta que va a resultar, mentalmente, bastante tedioso.
Hasta el kilómetro 13 he ido bastante bien, pasando este último con un tiempo global de 55'53", pero es, a partir del 14 cuando comienzan a complicarse las cosas.
Me había hecho un cálculo mental dividiendo la prueba en tres partes de siete kilómetros, para ver mi "evolución" o "involución".
El primer "siete mil" lo había hecho en 29'38", el segundo en 30'54"...
En mi cabeza estaba la idea de que si conseguía mantener los ritmos medios podría rondar la 1h 31'/32' que para cómo estoy últimamente, sería para darme por más que satisfecho, pero...
Siento que poco a poco mi ritmo va decreciendo y que mis piernas no pueden avanzar con la misma celeridad de unos kilómetros antes.
Al llegar al kilómetro 15, a la altura del puente de la Salve, me tomo una de las nuevas barritas que los amigos de Biofrutal (Susana y Marcos) han comercializado y que son de una excelente toma y digestión.
Esta "toma" ha sido más psicológica que física ya que,como se suele decir...."los milagros a Lourdes".
Por un momento, me vienen a la mente los "fantasmas" de la media de Barbastro y un "no fuerces" que me hacen aflojar el ritmo para sufrir lo menos posible y acabar la prueba en buenas condiciones.
Esos cinco kilómetros de ida y vuelta por toda la avenida Campo Volantín se me están atragantando y los ritmos medios por kilómetro se están yendo por encima de los 4'35", aunque ahora mismo es lo que menos me preocupa.
Ahora me fijo en l@s corredores de maratón y pensar que les queda dar otra vuelta de veintiún kilómetros, casi en soledad (puesto que la participación en la prueba reina es la más inferior), y con mucha merma del público asistente, es realmente descorazonador...y en estos momentos, no les envidio para nada.
Como decía al principio, lo viví hace seis años y en un horario todavía más tardío y la verdad es que no me quedaron ganas de repetir, ahí, en esa distancia.
Además, soy consciente de que, actualmente no estoy preparado ni física ni mentalmente para hacer esa distancia de una manera medio digna...
Espero que vuelva el momento en que encuentre alguna motivación para enfrentarme, de nuevo a esos 42195 metros que tanto me llegaron a ilusionar.
Tras pasar el "19" paso de nuevo por el puente del Arenal para dirigirme ya hacia esos dos mil últimos metros que me lleven hacia la línea de meta.
Escucho por detrás las pisadas de un grupo de corredores y los ánimos que se van dando.
Se trata del guía de la 1h 35' que les conmina para que, los que puedan tiren hacia adelante para bajar de esa marca.
A mí, me sigue sin cuadrar, puesto que yo voy por debajo de ese tiempo y ahora, me veo por detrás de ellos.
Suena el "beep" de mi reloj al llegar al kilómetro 21 y mantengo una esperanza de hacer menos de 1h 33', pero, cual es mi sorpresa al ver que, la pancarta con el punto kilométrico se haya bastante más adelante.
Paso por debajo del puente de la Salve y sé que tras él llega el desvío hacia la línea de meta.
Giro a la derecha y entro ya en la recta final mientras veo que, en mi reloj, pasa de la 1h 34'.
Finalizo mi 129ª media maratón con un tiempo real de 1h 34' 37" aunque con una distancia marcada en mi GPS de más de 300 metros sobre la distancia oficial....algo que fue generalizado en todos los participantes y que podría suponer, quizás, incluso un par de minutos menos en el crono final...qué se le va a hacer.
A pesar de que, la distancia, se me ha vuelto a hacer larga. me siento medianamente satisfecho, ya que, como había dicho antes, tenía miedo de repetir el "pajarón" vivido en Barbastro un par de semanas atrás.
Temor, infundado por otra parte, ya que la situación, ese día, era muy diferente a la que vivo habitualmente en el resto de carreras.
¿Siguiente "objetivo"?...pues la verdad es que no tengo ni idea, lo que surja y me apetezca.
Intentaré, como decía el gran Miguel Induráin, "ir día a día".
"Los que no se mueven, no notan sus cadenas"













miércoles, 10 de octubre de 2018

LA 128ª SUFRIENDO EN CASA.....SIN "GASOLINA" ES IMPOSIBLE

A las cinco y cuarto de la mañana del domingo 30 de septiembre estaba ya, despierto en la cama, con los ojos como platos y los nervios a flor de piel.
Situación esta que se había ido incrementando día tras día a lo largo de la semana.
Eché los pies al suelo,me vestí,  me preparé un café , comí una magdalena (importante este dato para más adelante) y me fui al ordenador a revisar el correo del club para intentar subsanar las penúltimas incidencias.
Habíamos quedado con Richi y Pedro a las seis y media en la zona de salida/meta para ir adelantando el trabajo más "sucio" (ese de "remangarse" y mover vallas, mesas y demás) y que tan bien tenemos controlado en la cabeza.
A partir de ese momento todo se convierte en una "contrarreloj" llena de tensión para intentar, que nada quede "libre" al azar y esté lo más atado y controlado posible.
El desgaste físico y mental es enorme, y esto solo lo sabe y puede entender quien ha tenido alguna vez tareas y responsabilidades así.
Son más de las nueve de la mañana cuando decido "esconderme" tras el roller del Club, en el escenario, para vestirme de "corto" e ir, junto a Ana Isabel Alonso a buscar a "Chuso" García Bragado al hotel.
Casi nada los dos nombres que acabo de escribir.....unos "chavales" con tan "sólo" diez juegos olímpicos en sus piernas y multitud de récords y medallas nacionales e internacionales en su haber.
Para dejar con la boca abierta a cualquiera que conozca y le guste,sólo un poquito, "esto" del deporte y el atletismo.
Creo...sólo creo (porque ya me he acostumbrado a tener que "hilar" siempre muy fino por la piel tan "sensible" de mucha gente), que seguir contando en nuestra humilde carrera con atletas tan ilustres y con un palmares tan excepcional como los de Ana Isabel y Chuso debiera ser motivo más que suficiente para "sacar pecho" orgullosos.
Lástima que, en muchas ocasiones se siga "palmeando" lo de afuera (aunque sean descarados negocios) antes que echar una mano a lo de casa.....c'est la vie.
Yendo hacia el hotel nos encontramos con  Emilio Saez, corredor descalcista de Castellón al que invité a que conociera nuestra tierra y que tanto llamó la atención del resto de participantes y niñ@s por su peculiaridad de correr descalzo.
Cuando recogemos a Chuso aprovecho dos minutos para ir al baño, lavarme la cara y beber un poco de agua (del grifo) y de ahí, regresamos a la zona de salida.
Parece que todo está controlado y el ambiente que se vive en la zona de salida/meta es extraordinario.
Tras la tradicional foto con los compañeros del Club me dirijo hacia el arco de salida.
En estos momentos imagino que, fruto de la tensión que llevo, me encuentro activo, fuerte, con ganas de arrancar a correr y es, esa adrenalina que tengo, la que me impide ser consciente de mi verdadera realidad.
A las diez en punto se da el pistoletazo de salida a la 26ª edición del Medio Maratón Ruta Vino del Somontano con un ambiente excepcional (al final han sido 605 inscritos, 147 más que en la edición anterior y casi 400 más que hace dos ediciones....no digo más, son los números).
La salida, como siempre, en bajada, con las piernas "frescas" y los ánimos del público, pues eso....que se vuela sin talento alguno.
Al llegar a Corona de Aragón, aflojo un poco y me pongo a la vera de Ana Isabel, hasta llegar al Paseo del Coso (km 1, por debajo de 4'25") y disfrutar unos metros de la compañía de mi Pauli.
Subiendo ya por la Avenida de Navarra me veo con fuerzas y tiro hacia adelante (craso error) y encaro la bajada del Silo hacia el puente de Santa Fé donde está ubicado el segundo kilómetro.
Nada más salir a la carretera comarcal comenzamos a cruzarnos a los primeros clasificados de la prueba de 5 kilómetros (este año vienen muy rápidos).
Miro hacia atrás para esperar a "Chuso" que ha tenido el detalle de ser nuestro práctico de 1h 30' y me "engacho" a él para intentar aguantar lo máximo que pueda.
Una oportunidad así, para un "popular"como yo, no se puede dejar pasar.
Voy medio alegre e incluso me "atrevo" a ir hablando y explicando detalles del entorno y de la carrera con el grupo que se ha formado alrededor del campeón del mundo.
Pero, poco antes de llegar al avituallamiento del kilómetro cinco, el que denominamos "cruce de las bodegas", siento que no puedo aguantar ese ritmo y me voy descolgando.
Cojo botellín de agua y siento la necesidad de beber bastante agua....malo..
El cuerpo es muy sabio y me está "avisando" ya, de que algo por dentro no está como debiera.
Durante los kilómetros siguientes intento unirme a algún corredor/a que llega a mi altura, algo que me está resultando casi imposible.
Inicio la subida de entrada a Castillazuelo y vuelvo a coger agua para beber y echarme sobre la cabeza.
Hace mucho calor, estoy empapado y me temo que me estoy quedando, ya, vacío.
Ya en dirección a Pozán de Vero nos cruzamos a la cabeza de carrera.
Hacía años que no veía a cuatro atletas en cabeza agrupados y a un ritmo tan elevado, eso mola.
Me alcanza Enrique con el globo de 1h 35'....pero sólo puedo seguirle con la mirada.
Paso por Pozán intentando recuperar un poco de oxígeno y esperanzado de que la vuelta, siendo en terreno más favorable, cambie el signo que esta carrera está teniendo para mí este año.
El avituallamiento a la salida está genial...
Muchísimo ambiente, música, agua y naranjas para refrescar.
Cojo una, aminoro el ritmo, y me la como entera....esta detalle no indica nada bueno.
Menos mal del permanente cruce con corredores que tengo ahora, porque sino, los casi tres kilómetros que hay desde Pozán de Vero hasta Castillazuelo se me iban a hacer larguísimos.
Entro a "Casti" por la zona de los frontones, siendo adelantado sin remisión por una corredora que kilómetros antes había pasado con mucha solvencia.
Trato de pasar lo más "digno" posible por el, muy animado y cariñoso, avituallamiento de la Plaza Mayor, donde las amigas de mi hija me vuelven a dar el agua.
Salgo hacia la zona de la báscula (kilómetro 14) y ahí si que estoy empezando a sentir cosas que nunca había vivido en una media maratón.
Me encuentro totalmente vacío...sin fuerzas...un "pajarón" en toda regla y todavía me quedan....¡¡SIETE KILÓMETROS!!.
Me intento marcar pequeños objetivos...el primero, alcanzar el siguiente avituallamiento.
Llego, vuelvo a coger agua y "engullo" la mitad y la otra me la hecho por la cabeza...
Mis piernas cada vez responden menos y mi cabeza no encuentra manera de buscar soluciones.
Lo "bueno-malo" de esta carrera es que, aquí te conoce "todo" el mundo y si vas bien, genial pero sino....uno no sabe cómo intentar pasar desapercibido y sufrir en "soledad".
Me van adelantando corredores locales y forasteros que me conocen, me animan, pero a los que apenas puedo responder para decirles que continúen porque no puedo ni con mi alma.
Llega a mi altura Pablo con la banderola de 1h 40', me ofrece su botellín de agua que cojo como si fuera un salvavidas.
Frena para que me una a él, agradezco el gesto pero le digo que no...él tiene que cumplir con lo que marca el globo y no debe esperarme.
Sigo mi lenta agonía en dirección a Barbastro...
Mis piernas se han quedado definitivamente en la reserva....
Aquí debo volver al comienzo de esta crónica en la que trataba de destacar el dato de que:
"A las cinco y cuarto (.....), eché los pies al suelo, me preparé un café y comí una magdalena...."
Pues eso, con ese combustible tomado hacía más de cinco horas y con toda la tensión, nervios y
trabajo físico que llevaba ese día y en los precedentes, casi era un milagro que pudiera estar ahí corriendo...
Me adelanta el buen amigo José Vicente en su 149ª media maratón, se queda un momento conmigo pero le pido que tire para adelante porque no puedo dar más de mí.
Llegando frente al cruce del camino del "Quemado", está mi compañero de banda, Alejandro con su familia viendo la prueba...
Me anima y me ofrece un botellín de agua fría, que me resulta imposible rehusar y que agradezco enormemente.
La abro y unos metros más adelante vivo una situación que jamás me había pasado en una prueba menor a una maratón y que nunca hubiera deseado que me pasara...y menos, en mi "pueblo".
Mis piernas, mi cuerpo y mi cabeza dicen basta y, aprovechando la sombra de unos árboles, paro a andar unos cien, doscientos metros, mientras aprovecho para beberme de un trago todo el botellín d agua.
Me uno a un corredor de Fraga que instantes antes iba andando también y juntos vamos, casi al trote en busca del desvío que nos lleve hacia el puente de Hierro (Santa Fé).
Me dejo casi caer en la corta bajada que nos lleva hacia el puente y al último avituallamiento en carrera.
Cojo de nuevo agua, justo en el momento en el que oigo, por detrás,  la voz de Ana Isabel que me llama y me dice que me una a ella....
¡Qué más quisiera!
No se me está mal por no haberlo hecho desde el inicio, sabiendo de las limitaciones que tenía, pero....
Llego a la subida del Silo...esa que siempre digo que hay que mantener en esta carrera por la "chispa" que le da al final pero que, en esta ocasión se me presenta como si fuera la ascensión al Anglirú.
Agacho la cabeza, miro al suelo y sufro muchísimo para ir ganándole metros.
Los ánimos taurinos de Chema en la última curva de siempre me hacen sonreír, pero unos metros más adelante, poco antes de pasar bajo el puente de las Capuchinas, debo parar a andar otra vez.
Estoy totalmente fundido.
Respiro hondo y vuelvo a correr....
Inicio ya la bajada por la Avenida de Navarra para llegar al kilómetro 20 de carrera y encarar esos últimos 1100 metros antes de llegar a meta.
Me queda cruzar todo el centro de la ciudad y viene a mi cabeza esa frase que siempre digo a l@s novat@s de la carrera...."hay que llegar digno a Barbastro para que los amigos y familiares te vean bien"....madre mía..."consejos doy...."
Llego a la altura de los "jardinetes" y apenas le puedo hacer una mueca de desagrado al bueno de Eduardo Gramisel que siempre nos viene a ver, añorando tiempos pasados.
Entro al Coso y sigo levantando la mano por inercia a toda esa gente que me anima y me llama por mi nombre.
Mi ritmo es lamentable y el callejeo por mi ciudad me está costando una barbaridad.
Intento recomponerme un poco al llegar al cruce del Cortés, pero al girar a la derecha hacia Corona de Aragón me vuelve a pegar otro bajón que me deja casi sin fuerzas...ahí si que ya me asusto un poco.
Me quedan apenas trescientos metros para meta.
Veo en la esquina antes de iniciar la subida hacia meta a mis padres, y como no quiero preocupar, sonrío y les digo un..."este año voy justito", pero sin dramatizar.
Giro a la izquierda y tal y como empiezo la subida siento cómo, una vez más (y cuando me ha pasado siempre ha sido aquí), se me sube el gemelo derecho...
Correr aquí en "casa" y ser tan popular (no sé si para bien o para mal) hace que escuche, a derecha e izquierda, mi nombre y muchos ánimos.
Quedan los últimos cien metros y aparece mi niña desde el público para llegar un año más junto a mí a la meta.
Sólo por ese momento (no sé cuantos años más se podrá repetir), ha merecido la pena tanto
sufrimiento.
Junto a otro corredor que se ha unido ahí al final, cruzo mi 128ª meta de una media maratón (la 18ª consecutiva en Barbastro) con la tercera peor marca y peores sensaciones de mi vida (1h 43' 53").
Nada más cruzar la línea, Enrique me coge y me lleva hacia la carpa "VIP" que tenemos habilitada tras el escenario para los primeros clasificados y atletas invitados para que me recupere un poco antes de atender a la prensa.
Entro en ella, me derrumbo en la silla empapado y como con avidez hasta tres trozos de sandía que me saben a gloria.
Estoy totalmente deshidratado y agotado.
Tras recomponerme un poco salgo a atender a la prensa, me voy a por una ducha rápida al pabellón y de ahí, a poner la mejor cara para la entrega de premios.
Y ahí viene una de las sorpresas del día, para mí.
Me entero en el mismo momento de la entrega de que he sido ¡¡¡subcampeón de Aragón de Media Maratón de mi categoría M40!!!.... para flipar....increíble.
Increíble porque con esa marca, no la siento ni merecida, increíble porque sólo hemos sido dos, los aragoneses federados de esa categoría que hemos participado , increíble porque jamás en mi vida había subido al podio a recoger un premio así, por méritos propios e increíble porque ya que me la había sufrido y sudado, por lo menos que me la impusiera "Chuso" García Bragado.....para el "baúl de mis recuerdos".
Sé que no es nada, y es totalmente inmerecido pero....para que pasen cosas...hay que estar.
Cierro con bastante desilusión ,en el plano deportivo, esta media maratón esperando que, esto haya sido pasajero y que la/las próximas salgan mejor.
Gracias a Manolo Susín y Montse Horta por las fotos que siempre ceden de manera altruista para todos.
"Lo que hoy no se valora, en un futuro se lamenta".